Sant Feliu de Guíxols es un municipio costero situado en la comarca del Baix Empordà, en la Costa Brava. Destaca por su importante patrimonio histórico, centrado en su monasterio benedictino, y por ser un centro turístico con una rica tradición marinera y una notable arquitectura novecentista y modernista en su paseo marítimo.
Los orígenes de Sant Feliu de Guíxols están estrechamente ligados a la fundación del Monasterio de Sant Feliu, un cenobio benedictino documentado desde el siglo X. La villa creció alrededor de este centro religioso, convirtiéndose en un importante núcleo comercial y portuario. Durante los siglos XVIII y XIX, la industria del corcho fue el motor económico principal, impulsando un periodo de gran prosperidad que se refleja en la arquitectura de muchos de sus edificios señoriales. A principios del siglo XX, la localidad se convirtió en uno de los primeros centros turísticos de la Costa Brava.
El conjunto monumental es el símbolo de la ciudad. El monasterio benedictino, de origen románico, conserva elementos arquitectónicos de gran valor. La Porta Ferrada es el elemento más singular, una fachada prerrománica o románica temprana con tres arcos de herradura, considerada una de las joyas arquitectónicas de Cataluña. Actualmente, parte del monasterio acoge el Museo de Historia de la Ciudad.
Situada en el cabo de Sant Elm, esta ermita ofrece uno de los miradores más emblemáticos de la Costa Brava. Es un lugar históricamente relevante, ya que desde este punto, el escritor y periodista Ferran Agulló bautizó oficialmente el litoral gerundense con el nombre de "Costa Brava" en el año 1913.
El paseo marítimo es el corazón social de la ciudad, flanqueado por edificios de estilo novecentista y modernista. El Casino de la Constància, conocido popularmente como el Casino dels Senyors, es un edificio destacado de finales del siglo XIX con una fachada elegante y un porche característico.
Ubicado dentro del Monasterio, el museo expone la historia de Sant Feliu de Guíxols, con especial énfasis en la arqueología, la vida monástica y la importante tradición de la industria corchera y la actividad portuaria.
Sant Feliu de Guíxols es un punto clave de la Costa Brava, caracterizado por acantilados abruptos que se alternan con calas de arena y playas. La ciudad es el inicio o el paso de varios tramos del Camí de Ronda (GR-92), que permite recorrer la costa y descubrir calas como Sant Pol o Cala Maset. El entorno natural inmediato está influenciado por las últimas estribaciones del Macizo de les Gavarres, ofreciendo rutas de senderismo y BTT hacia el interior, con paisajes de bosque mediterráneo.
Sant Feliu de Guíxols es accesible principalmente por carretera. Las principales vías de acceso son la C-65, que conecta con la autopista AP-7 (salida 9), y la carretera costera GI-682, que la une con Tossa de Mar y Palamós. La ciudad no dispone de servicio ferroviario; la estación de tren más cercana con conexión de alta velocidad es Girona. Hay servicios regulares de autobuses (operados por compañías como Sarfa/Moventis) que conectan Sant Feliu de Guíxols con Girona, Barcelona y otros municipios de la Costa Brava.
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